Fco. Julio

Esplendor



Establecidos los cauces de participación y apoyo municipal en la procesión del Santo Sepulcro, los años que transcurren entre 1900 y 1911 constituyen una etapa de afianzamiento de los mismos y de la propia Hermandad. En efecto, un año tras otro, durante la primera década del siglo XX, se reflejan pun­tualmente en las Actas Capitulares municipales, tanto las solicitudes de subvenciones como las invitaciones de la Hermandad del Santo Sepulcro para la presencia municipal en la procesión. La acogida era siempre favorable, quedando la cuantía económica de la subven­ción a la discrecionalidad del alcalde de turno.

El periodo comprendido entre los años 1912-1915 supone una quiebra en las cordiales relaciones entre la Corporación Municipal y la Hermandad del Santo Sepulcro. La hegemonía de la llamada Conjunción Republicano-Socialista con mayoría de ediles en el Ayuntamiento malagueño en esos años, y la ideología claramente anticlerical y anticofradiera de los mismos, hicieron que las peticiones y las invitaciones de las hermandades malagueñas se recibieran en los plenos municipales con indiferencia, y en ocasiones, con evidente hosti­lidad. Agrios debates se entablaron en este periodo con el tema cofrade como fondo entre la mayoría republicano-socialista y la minoría monárquica. Todavía, en Abril de 1911, el Ayuntamiento malagueño asistió corporativamente a la procesión del Santo Sepulcro. Ante un ambiente decididamente hostil, las hermandades, y el Sepulcro no constituyó una excepción, dejaron de formular peticiones al Ayuntamiento y esperar tiempos mejores.

Pese a este contratiempo, la procesión del Santo Sepulcro y de Ntra. Sra. de la Soledad se configura, en este periodo, como una de las más brillantes, espectaculares, y al mismo tiempo solemnes de la Semana Santa de Málaga. Así relataba la prensa del momento (1913) el cortejo procesional de la Hermandad Oficial de la ciudad: Sección montada de la Benemé­rita, escuadrón de soldados romanos, compuesto por veinticuatro distinguidos jóvenes, cien nazarenos con túnicas de terciopelo negro, el Santo Sepulcro, cien nazarenos más, la Virgen de la Soledad, el palio, los alumnos del Seminario, las autoridades civiles y un piquete de honor.

Falta el Ayuntamiento, evidentemente, pero encon­tramos la abundante presencia del Ejército, de la Fuerza Pública (Guardia Civil), del clero y de las autoridades civiles. Cabe suponer que desde sus primeros desfiles procesionales, el Santo Sepulcro contó con representaciones de todos los poderes públicos y fuerzas socialmente relevantes de Málaga. Era, por entonces, y aún lo es en buena medida, el cortejo fúnebre anual más destacado que atravesaba y atraviesa las calles de la ciudad y broche de oro de la Semana Santa. Nadie que representaba y representa aun hoy algo en la Málaga oficial puede dejar de estar presente en tan señalado acto.

Las elecciones municipales de Noviembre de 1915 devolvieron la mayoría en el Ayuntamiento de Málaga a los partidos monárquicos y confesionales. Las relaciones entre el Ayuntamiento y las hermandades vuelven a estrecharse y a normalizarse a partir de la Semana Santa de 1916. En la Cuaresma, la Hermandad del Santo Sepulcro volvió a solicitar una subvención para la procesión e invitó al Ayuntamiento a asistir a la misma. Ahora, los más destacados concejales monárquicos (Cárcer y Rein) se enfrentan con éxito a la residual minoría republicana que se opuso a estas demandas. Tras el breve paréntesis de los años 1912-1915 el Ayuntamiento malagueño vuelve a subvencionar a la hermandad oficial y a estar presente cada cortejo. En 1916 figurarán en la procesión las siguientes autoridades: el Ayuntamiento bajo mazas, el Sr. Obispo, el Gobernador Civil, el Gobernador Militar y otras autoridades

Además, desde Mayo del año anterior la Hermandad gozaba de la prerrogativa de utilizar el título de Real, especialmente concedido por Alfonso XIII, y por tanto, poder llevar en la procesión la representación del monarca.

Los años veinte, autentica edad de oro del procesionismo malagueño, lo será también para la Hermandad del Sepulcro y Ntra. Señora de la Soledad, que logra estrenar, en 1927, el magnífico catafalco, que aún procesiona con las lógicas modificaciones, y que, gracias al original y estudiado diseño de Moreno Carbonero y a la depurada técnica de los Talleres Granda, crean una nueva estética, original y particularmente solemne de Jesús en su sepultura.

Hasta 1931, la Hermandad del Santo Sepulcro, cofundadora de la Agrupación de Cofradías, va a continuar recibiendo un trato especial del Ayuntamiento. Si bien económicamente la subvención municipal ya no es específica y se encauza ahora dentro de la que va a recibir globalmente la Agrupación, la presencia del Ayuntamiento bajo mazas continua proporcio­nando un rango y una espectacularidad especial al cortejo procesional. Otras cofradías punteras del momento, aquellas que durante este periodo consiguen la presencia de representa­ción real en la procesión (Nazareno del paso, Sangre, Mena y Sagrada Cena), van a solicitar de las sucesivas corporaciones municipales un tratamiento protocolario similar al dispensado a la hermandad oficial. La presencia en las procesiones del pendón y los ediles bajo mazas, del cuerpo de Bomberos, de la Banda Municipal de música, así como la Policial local a caballo, eran, sin lugar a dudas, elementos que contribuían decisivamente a proporcionar un mayor lujo y espectacularidad a los cortejos procesionales que se definían, con dos adjetivos muy del momento: esplendor y suntuosidad.

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