Historia
El Sepulcro en la Semana Santa de Málaga
En casi todas las ciudades y pueblos de España, la Hermandad o Cofradía que representa a Jesús en el Sepulcro o Santo Entierro, es la que detenta el carácter de oficial.
A su procesión asisten, en corporación, las autoridades locales, civiles, militares y eclesiásticas, dándole especial revelancia y solemnidad. Esta presencia de la sociedad local tiene una justificación y un profundo simbolismo religioso.
Desde el Concilio Vaticano II, se ha valorado como momento culminate del ciclo de la Pasión, la Resurrección de Cristo. La semana santa, en su molde tradicional, barroco, tenía en la Murete, y , sobre todo, en el Entierro de Cristo, el momento más solemne y transcendente de la rememoración anual del drama del Gólgota.
La Semana Santa malagueña no ha permanecido a lo largo de su devenir ajena a esta tradición. Ya en los siglos XVII y XVIII, el Ayuntamiento, con el Gobernador al frente, las parroquias, las comunidades religiosas y las fuerzas militares de guarnición en Málaga asistían al solemnemente a las orocesiones del santo entierro. Durante una etapa (fines del siglo XVII) lo hacían alterntivamente a las que organizaban las dos hermandades que procesionaban a Cristo Muerto: Soledad de Santo Domingo y Angustias de San Agustín. Más adelante, más avanzado el siglo XVIII, quedaría esta última como la hermandad oficial de la ciudad hasta su decadencia procesional en los primeros años del siglo XIX.
Los profundos cambios sociales, y desde luego los cofrades y procesionales acaecidos durante la centuria decimonímica, afectan a las autoridades locales en las procesiones. Desaparecido el Santo Entierro de San Agustín, los Ayuuntamientos malagueños, formados ya por burgueses de ideología liberal, realzan con su presencia corporativa el desfile de la Cofradía de Ntra. Sra. de la Soledad y que, a mediados del siglo XIX vive una etapa de esplendor al integrarse, como en otras cofradías, los enriquecidos comerciantes e industriales de la época.
Ya, en los años ochenta, el declive porcesional de la Soledad inclinará al Ayuntamiento a acompañar por las calles de Málaga al portentoso Cristo de Mena, procesionado fugazmente, aunque con un gran impacto devocional, en 1883 y 1884.
